Mis historias,  Pequeña luna

Pequeña Luna | Parte 12

Siena se encontraba haciendo unos gestos extraños frente a mí, parece que tenía un bicho recorriendo su espalda, pero por si las dudas, le pregunté:
— ¿Qué haces?
— Tratando de hacerte reír, últimamente paras muy serio 
— Va, así soy yo…—No, tú no eres así.
— Yaaa deja de hacer eso… pareces una retrasada, ja, ja, ja.-río-
— Ja. Ja. Ja ¡tonto!, ¿Vemos una película?, no, no, ya sé,  mejor vamos al cine.-dice sonriente.
— ¿Al cine? …Noooooo Siena hoy no, estoy un poco cansado 
— ¿No quieres ir al cine conmigo? A ya, a ya, pero cuando tú me pides que te acompañe a tus lugares de nerd, yo ni me opongo.
— Ash ¿te vas a poner así de nuevo? En verdad estoy cansado, mejor vemos una película en tu TV que nadie usa, total estamos mejor, y como hace un poco de frío nos abrigamos. ¡Hey te estoy hablando…! ¡Siena…! ¿No me vas a hablar?, qué engreída te comportas.
— Así me quieren -dice con voz sarcástica-
— Bueno si no me vas a hacer caso, no te quejes ¡cosquillas!
— Ja, ja, ja ya basta, basta, Baaaaastaaaaaaaa!… 
— Te lo dije, Bueno qué más da, mañana es feriado, está bien, vamos al cine, total creo que hoy se estrena “los Pitufos 2”, fácil sales tú.
— ficil silis tuuu, tonto, Ya vamos (le brillan los ojos)
— Pobrecita nunca ha ido al cine, no te preocupes hoy conocerás.
— ¡Te fregaste! Las comprarás tú sin mi descuento.
Siena tenía beneficios de descuento en el cine, y costaría más barato, siempre era la que hacía las colas.
—Ya, ya, ya, déjate de engreimientos, vamos que la película comienza a las 20:45.

—Me voy a cambiar

—Ay , no molestes así está bien

—No, no, solo me pongo esto y ya.

—Ash, ya pero rápido si no me desanimo.
Nos encaminamos hacia el cine, y no era de extrañarse estaba repleto de gente, compró las entradas en el módulo con su tarjeta, ella se encargó de los aperitivos, una canchita y obvio mis nachos, Casi siempre dividíamos la tarifa, excepto cuando me llevaba a sus lugares de “princesa”.
—Mira ahí estas tú (pitufo tontín), a no, tú eres pitufo gruñón.(saca la lengua)
—Ja … Que graciosa, tú te pareces al gato “Azrael”, ja, ja, ja, idénticos, mismo color de cabello.
—Cállate

La película estaba entretenida, adaptaron lo moderno a la historia de los pitufos, recuerdo que yo crecí con ellos, era una de mis series de dibujos favoritas.
Al salir de la sala, una vez finalizada la película, ya que no tenía trabajo y sus clases de ella eran por la tarde, nos fuimos a caminar por las estancias del lugar, como para aprovechar la noche, ya que no teníamos nada que hacer, el ambiente estaba tranquilo y silencioso, el cielo comenzaba a garuar y el viento helado enfriaba nuestras manos y orejas, pasamos por algunos parques donde no podíamos sentarnos porque la humedad había empañado las bancas, estuvimos caminando por largo tiempo, platicando de diversos temas, hasta que Siena realizó una pregunta:
—Aquella noche de la cena, me dijiste que no querías revivir momentos, me explicaste a tu manera el porqué, pero no fuiste muy claro, aún tengo esa curiosidad, a veces pienso que aún recuerdas algo de tu pasado y te da miedo revivirlo.
—uhmm…, imaginaba preguntarías eso, bueno, a veces me complico y tienes razón, seré claro.
— Estás pensativo, si no me quieres decir ya déjalo, no te preocupes
— No, sí, solo que aquellos días no fueron fáciles, es verdad cuando dices, “que recuerdo algo del pasado y que me da miedo revivirlo”, quizás hubiera querido que pasen largos años, todo fue tan rápido, no fue nada fácil, y si te conté aquella vez lo que sucedió, fue porque entramos en confianza, y me di cuenta de que me hacía daño si no lo dejaba salir y que tal vez esto podría afectar nuestra amistad, mi cambio de humor, mi carácter, y tú no merecías que yo tal vez me comporte mal contigo, es más parabas pendiente de mí.

No fue fácil renunciar a todo aquello que tenía en mente y luego volverlo a replantear como lo hago a hora, si te habrás dado cuenta, soy muy perseverante y si algo no resulta lo dejo y me enfoco en algo mejor, así no pierdo la ilación, pero tú has sido parte de mi mejora,  me hiciste replantearme con una mentalidad distinta, mucho más libre, fue por eso que te di gracias aquella noche, y por ello cada día te ganas un poco más de mi cariño, además te juro y tú lo sabes bien, que nunca se me paso por la mente que te volvería a ver.
— Perdóname si fui tan “cargosa” pero no me gustaba verte así, aquella vez que nos conocimos tú me ayudaste, y aunque pasó mucho tiempo recordé que ni las palabras de mis amigas fueron tan precisas como las tuyas, fuiste bastante intermediario y eso me ayudó. 
— Mis palabras son mágicas, a que sí.
— Ja, ja, ja solo esa vez.
La noche se hacía mucho más silenciosa y me entraba un poco de apetito, teníamos una idea, ir a tomar algo en aquel lugar donde nos conocimos por primera vez.
Acompañados por un frappuccino, nos encaminamos de regreso, caminando tomados del brazo bajo la lluvia.

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