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Pequeña Luna | Capítulo Final

Siena era fantástica, una mujer realmente fuerte, me contagiaba sus energías, pero a pesar de todo lo vivido hasta el momento, no la podía ver con otros ojos que no sean de amistad, a veces notaba que ella tal vez no me veía de la misma forma, pero ninguno de los dos estaba seguro de lo que podía pasar en tan poco tiempo– eso creo-.

El último sábado de las vacaciones de verano queríamos irnos de campamento, ella tenía muchos amigos con los cuales viajaba seguido, a lo cual

Carlos, vamos de campamento con mi grupo de amigos

—¿Pero estás segura? No me llevo bien con ellos.

—¿Cómo lo sabes si no los conoces?

—Pues si son como tú, sé que no me llevaría bien con ellos.

—Tonto.

—Está bien, así salimos de la rutina y vemos que hay, pero yo no tengo tienda de acampar ni esas cosas.

—Uhm, creo que será en la casa de un amigo el cual vive en el campo.

—Pero entonces, eso no sería campamento.

—Ay ya, lo que sea, vamos, ¿sí?

—Sí, da igual, vamos, de paso conozco más a tus amigas… ¿solteras? – me mira-

—No, con novio, tonto… ¿vas a ir conmigo o vas a ir para quedarte con mis amigas?

—Es broma, cálmate, si estaré contigo.

—si istari contigu, tonto.

El sábado por la mañana nos encaminamos al campamento, nos llevó su padre, era a las afueras de Lima, en una villa bastante alejada, al ingresar, el terreno era muy verde con montañas a su alrededor, un lugar muy bonito en el cual se podía descansar, en otras palabras, una casa de campo.

—Tu amigo sí que se pudre en plata.

—Es de su abuelo.

—Aaaaaa… igual, él lo va a heredar.

¡Aish!

Fuimos los primeros en llegar, el anfitrión era un chico alto, parecía modelo de revista, nos saludamos, y me pareció muy alegre, hubo esa buena química desde el inicio, me invitó una cerveza en lata y junto con Siena nos fuimos a la habitación a dejar nuestras cosas, el lugar era enorme, 10 o más habitaciones había – creo- al llegar, mi mente comienza a procesar la información – ¿una cama? Uhmm, ¿Siena dormirá conmigo o en otro cuarto? Eso es peligroso- Si bien era muy guapa, no me imaginaba que después de una noche de locura fiestera podría pasar entre los dos algo más, teniendo las cosas claras, pero no lo podía saber, ella me atraía, pero no como algo más, no sabía si preguntarle si dormiríamos juntos o quizás quedaba como idiota y se molestaría, bueno, en fin, que las cosas sigan su rumbo.

Entre todos los invitados había 10 parejas incluyéndome con Siena, el ambiente era alegre, habían puesto música electro, comenzaron a bailar, Siena me miraba, no se sabía que tenía dos pies izquierdos.

-Carlos, ¿a qué hora me sacas a bailar?

-Ammm, es que no sé bailar – susurro

-Ay, ¿cómo qué no? Ven, yo te enseño.

-No, no, ahí nomás.

-SI, ven – se para y me jala

-Mira, empiezas así, luego mueves el pie así, no, así no, así, mira.

-¡Qué complicado es esto!

-Al menos ya te mueves algo.

-A nada…

La noche se ponía tibia, los tragos en la mesa, la cerveza, el ron, el wiski, todo eso era para morir en una sola noche, todos entramos en calor y nos dividimos en 3 grupos sin quererlo y comenzamos a jugar verdad o reto.

Había una chica, de tez trigueña, con cabello lacio, rostro fino, muy delicada, cuando hablaba parecía alguien menor, pero tenía 19, su nombre era Cristina, estaba muy ebria que cuando caminaba se tropezaba, su novio estaba a un lado, parecía que se habían peleado, se dirigió al baño. Todos ignoraban la escena, nadie se metía en los asuntos de nadie.

En nuestra ronda de verdad o reto le preguntaron a un chico “¿Alguna vez fuiste infiel?” A lo que respondió frente a su enamorada- Sí- ella lo quedó mirando y acentuó, -pero antes de conocerte. Yo solo susurré, -pero puedes recaer- Siena me dio un codazo.

-¡Auch!

-¡Cállate, Carlos!

-Ya – la quedo mirando

Siguiendo con la ronda, le tocó el turno a una chica llamada Solange, tenía unos pechazos, un trasero enorme, y medía 1.49 aproximadamente, tenía una voz muy elocuente, de calle. Ella eligió reto y le ordenaron combinar en un vaso ron, tequila wiski y un poquito de Red Bull, pero un shot, y además de eso dar 5 vueltas alrededor del circulo que habíamos formado, ¿quién habrá sido ese maldito? Me dije en mi mente, ah cierto, fui yo. Quería ver morir a todos con el trago, cumplió el reto y ya se sentía muy mareada, su novio solo me quedó mirando pero estaba picado, llegó mi turno y la que me mandaría era una chica de ojos verdes, fina, clara, cabello rubio, con voz de pituca, su nombre era María Alejandra, -¿verdad o reto? –me pregunta -verdad ¿Te gusta Siena? – mierda, no lo veía venir. Me quedé atónito, no sabía qué responder, los miraba, Siena me observaba esperando mi respuesta, si mentía, iba crear quizás una falsa ilusión, si es que yo le gustaba, y si decía otra cosa, tal vez se sentiría mal y me termine por odiar. – ¿Qué hago? –me decía.

No podía mentir, así que solo atiné a decir, -es buena amiga y eso me agrada de ella, aún nos estamos conociendo. Y un candelero ebrio dice – uy solo amiga- Siena me ve, se para y se va hacia las habitaciones, todos me ven. – uy creo que se molestó- no idiota está alegre, pero claro que se molestó – lo dije en mi mente – todos se quedaron mudos y comenzaron a servirse una botella de ron, esperé unos minutos y fui a donde estaba Siena, no estaba en la habitación, así que salí hacia la parte trasera y veo a Siena – espera,

-Cristina no sale del baño, estoy que le toco y toco

-Seguro esta haciendo cositas

-¿enserio? Ella se fue ebria cuando comenzamos a jugar y no la vi más

-Pues en ese caso, ¡toquemos fuerte!

Parecía que no había nadie, era muy extraño, así que llamamos a Paul, el anfitrión, trajo una llave y abrió el baño, encontramos a Cristina sobre el Leonardo semi desnudos bien acurrucados y durmiendo.

Uy la que se armará – digo

Cállate, yo me llevo a Cristina y ustedes dos llévense a Leonardo y cállense, no digan nada, estos dos mañana me escucharán.

Mientras llevamos a Leonardo, se nos cruza una chica, parecía que era la novia, que estaba ebria, y nos pregunta – ¿Por qué se llevan a mi novio? Lo estaba buscando.

 -Está ebrio, ¿no lo ves? – dice Paul

-Espera, ¿y qué hace con estas marcas en su cuello?

-Ah, en realidad no lo sé. – dice Paul

-Eres un pendejo Leonardo. – dice la novia

-¿Quién yo? – dice Leonardo con voz de ebrio. – pero yo no hice nada, Cristina-

-¿Cristina? Yo no me llamo Cristina, imbécil. – lo empuja

-Calma, calma, mañana aclaran sus cosas, ahorita no, ¿no ves que está hasta las patas? – le digo

-No, no quiero, eres un maldito, un imbécil, un tarado, un puto, un perro, una basura, te odio desgraciado y la otra perra ¿dónde está?, que la encuentre.

-Oye Dana, cálmate, ella también está ebria y ya se la llevaron a la cama.

-Ustedes tres, todos los hombres son unos perros putos – grita Dana y se va.

Después del escándalo, Dana, la novia de Leonardo, el puto, se fue a que sus amigas la consolaran, llevamos a Leonardo a una habitación y lo tiramos en la cama.

Yo, por otra parte, salí a buscar a Siena, no la encontré en las afueras de la casa, regresé a la habitación donde dejamos nuestras cosas y la encontré.

-Siena, y… ¿tu amiga?

-Ya la dejé, está durmiendo – con voz cortante

-Oh, entiendo.

El silencio de la habitación era inquietante

—Siena yo

—No digas nada Carlos, ya dijiste mucho afuera.

—No espera, escúchame.

—¿Qué me vas a explicar? Ya sé que solo somos amigos y así estamos bien.

—Pero ¿por qué te pones así? Si eso fue lo que dije.

—Ya, está bien, pues yo no te he pedido que me digas nada.

—Siena, mira escúchame, mírame.

—No quiero.

—En serio pues, mírame.

Ella levanta su cabeza y me observa, tomo su mano y le digo

—Siena, tú eres una gran persona para mí y sí, nos hemos ido conociendo y me caes súper bien, nos llevamos muy bien, pero, pero no sé si estoy listo para enamorarme o para iniciar algo con alguien, fue difícil y no quiero malograrlo otra vez, sé que te aprecio y te quiero mucho, porque eres fantástica en como eres y toda la confianza que nos tenemos pero no sé que pase por ahora, solo no sé lo que quiero y sé que no debo lastimarte.

—Pero solo soy una amiga.

—Eres una amiga muy especial, una amistad muy especial que se está  formando, y nadie sabe lo que pueda pasar más adelante, en serio no te pongas así.

—Eres un tonto.

Siena me ve y me abraza

—Creo que tomaste mucho.

—Calla, idiota.

—Jajaja, esa es la Siena que conozco, sólo no te me pegues mucho, tú y yo en un cuarto, alcohol en las venas.

Me quita el abrazo y me mira,

—Era broma

—¿Broma?

Se me acerca y me besa, mis labios comenzaron a seguir el ritmo de la noche, nos emparejamos, nos acercamos a la puerta y la cerramos, apagué la luz y sin pensarlo ni planearlo, nos dejamos cautivar por el suspiro del éxtasis mientras amanecía, ella era mía y yo era de ella, ambos saciando nuestro deseo, tal vez con alcohol, pero consientes en nuestros corazones.

Al amanecer, desperté con Siena abrazada a mi lado, hermosa, el rayo de sol alumbraba por la ventana, decidí tomarlo de forma normal y no comentar el tema, la desperté, teníamos que irnos, ya que únicamente podía quedarme hasta el mediodía, esto porque tenía asuntos por terminar, la tomé de la mano, ella me miró y se fue a bañar.

En la habitación, me senté y pensé si lo que pasó fue bueno, si era hora de comenzar algo nuevo, si en verdad me sentía listo después de esto, pero no sentía aún esa cosita para crear una conexión de enamorados entre ella y yo.

Decidí solo dejarme llevar y ver que sucedería más adelante.

Todos estaban con resaca, Paul, el único consciente y yo también por el poco alcohol que había bebido, sabía que luego de esto muchos líos se armarían, Leonardo, el puto novio y su novia Dana, y bueno Cristina, que seguro que su novio ya se habría enterado.

Apuramos el irnos para no contagiarnos de la mala vibra que se armaría, su padre nos recogió y regresamos, le consulte sobre sus amigos y me comenzó a chismear sobre cada uno, quién era pareja de quién, esa Dana era una bandida y qué no decir de Cristina también, Leonardo más bien fue el que sorprendió, pero vaya, cada uno crea su propio infierno.

Al llegar a su casa, ya me tenía que ir, la tomé de la mano y le dije

—Gracias, la pase muy bien, sé que hay un tema que quizás quieras hablar, pero creo que estás de acuerdo que lo hablemos en otro momento, por lo pronto pasémosla bien, ¿no?

—Es lo que yo te iba a decir, además estoy muy cansada, aunque no pasó mucho

—Oyeeee, yo sí me acuerdo.

—Ja, ja, ja, tonto ya ve.

Nos despedimos y fui a casa, tenía que terminar unos informes de trabajo, ya que no los hice el viernes ni sábado por la salida.

A la mañana siguiente, me desperté muy feliz, tranquilo, y me dije a mi mismo, -es hora de seguir, no me puedo cohibir con lo que la vida me da-, Siena es buena chica, tal vez no tengo aún ese lazo de amor, esa conexión de una relación, pero se puede construir y formar conforme nos vallamos tratando.

Me levanté de la cama, me di una ducha, desayuné, comienzo a ayudar en casa, de pronto tocan el timbre, esperaba que sea mi madre porque se había ido a comprar unos platos de cebiche porque no quería lentejas que acostumbra preparar los lunes, voy hacia la puerta, no había nadie, -que raro-, salgo un momento y volteo mirando al lado derecho, mi cuerpo se paralizó, la observo, Luna.

Ella estaba ahí, mis emociones crean una parálisis sobre mis sentidos, mis ojos se expanden,mi rostro solo tenía un gesto de sorprendido, tiemblo y me pongo nervioso, después de casi 5 meses de ausencia, Luna estaba parada frente a mí, pero no solo eso, su contextura no era la misma, ella, ella estaba diferente, esa pancita que se hacía notar, esa mirada sollozante, esos labios tratando de decir algo, con solo verla a los ojos ya me había dicho todo, su gestación era algo que me sacó de lugar,  sin escuchar sus palabras, sin que se acerque, Luna había roto todos mis sentidos, mi angustia, mi ser, mi yo,no sabían que hacer, me había sorprendido y dañado sin decir una sola palabra, la mañana se hizo gris, los minutos pasaban mientras estábamos frente a frente, como un diálogo en silencio, pero sabía que yo ya no era uno, si no alguien más llevaba una parte de mí.

¿Qué harías si la persona que más amaste se va? ¿qué harías si desaparece sin decirte nada? ¿qué harías si cuando estás reconstruyendo tu vida ella vuelve?  ¿Cómo te sentirías?

Nuestras miradas comenzaron a congeniar, mientras su blanca piel y el vestido azul que traía puesto se dejaban acariciar por el viento que soplaba y en silencio entendí la razón de todo.

FIN.

Probablemente si.

Gracias a todos por haberme acompañado durante estos 5 años que demoré en terminar mi libro pequeña Luna.

Agradezco a todas las personas que me apoyaron en corregir y las críticas también.

Algunos me odiaran, otros les gustará, pero recuerden, una historia puede terminar, pero la imaginación y las ganas de seguir escribiendo jamás.

Hay secretos que jamás se cuentan, porque ya han sido hablados por la mirada.

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