Historias,  Pequeña luna

Pequeña Luna | El encuentro | parte 14

El silencio parecía eterno, quería llorar, pero a la vez una rabia inconfundible me rodeaba una sanción inhóspita de confusiones inexistentes comenzaba a aparecer, pero.

-Tú, ¿qué haces acá?, le dije
-Me queda mirando –
Si tú Dalia – se sorprende- qué, ¿por qué no dices nada? ¿Así te llamas no?
-Carlos pero
– No, tú ya no mereces que te llame Luna, pensaste que te iba a recibir con los brazos abiertos ¿como si nada?, te vas por varios meses 3, 4, 5 no sé cuantos, y llegas de la nada a mi puerta, a alterar mis días, mis emociones – me comienzo a desesperar- Yo estoy tranquilo, no sé por qué estás acá.
– Te extraño
-¿me extrañas? ¿Y tú crees que yo no te extrañe?, ¿sabes cuantas noches lloré por ti? ¿Cuánto estuve pensando en ti? Y tú simplemente te fuiste, me dejaste sin nada más, confié en ti, mis secretos, mi vida, todo lo que una vez quise decir te lo confié a ti.
– discúlpame en serio no quise hacerlo, solo que me sentía confundida, no sabía qué hacer, yo no sabía si era correcto, me sentía celosa, tonta, decepcionada, no sé, sentía que tenía que arreglar mi vida, mis metas, todo de mí, con lo que me dijiste, mis estudios, todo se me juntó.
– suspiro- mira sabes bien que eso de las disculpas no arreglan nada, no solucionan nada, ¿gano algo? No, no gano nada, y tampoco se trata de ganar pero ¿el dolor que me causaste es gratis?, pero si a ti te sirven, ok, te disculpo, ahora te sientes más tranquila y eso era lo que buscabas, entonces no tenemos nada más de que conversar.
– ¿podemos ir a hablar a otro lugar por favor? – me mira a los ojos, desea con todas sus fuerzas decirme algo, pero su silencio se lo impide-.

– No, no quiero hablar contigo, yo estaba tranquilo, estaba feliz, estaba rehaciendo mi vida, y vienes tú de la nada – las lágrimas se me notan- yo te quería, pasamos muchas aventuras y tú te fuiste, me abandonaste, me mentiste que es lo peor. Por favor, solo quiero estar tranquilo.
Dalia se queda pensando
– por favor, no quiero desquitarme más contigo, ni decirte muchas cosas
– Por favor Carlos tenemos que hablar, por favor,
– No está bien, siento que no, no debo, tú me lastimaste.
– Pero por favor, no me voy a ir sin hablar contigo
– No, llegas de la nada, no tengo cabeza para escucharte ahora y además tengo cosas que hacer, mañana probablemente, no lo sé
– Yo espero, que sea mañana Carlos, por favor.
Mi mente decía que no, pero quería respuestas, mi corazón simplemente recordó el dolor que tenía.
Está bien, mañana conversamos
– Pero…
– Es lo ultimo que puedo decirte ya no insistas ya no.
– Está bien, ¿en mi casa?
– No en tu casa no, en el parque de la vuelta, ahí podemos conversar a las 11 am Dalia
– Ya está bien, perdona,
– Por favor ya no digas nada solo mañana ya conversamos, esto ha sido demasiado para mí, no pensé que volverías.
– está bien.

Dalia voltea y se retira en el auto en el que vino.
Cerré la puerta, entre a mi habitación, me senté sobre la cama en silencio. No quería pensar en nada más, tomo mi cabeza, veo mi celular, un mensaje de Siena.
Me recuesto en mi cama, veo a todos lados.

Ya no sentía lo mismo por Luna, bueno ahora Dalia, ese era su nombre, recuerdo aquella tarde cuando decidí llamarla así, a la persona que había estado conmigo en mis aventuras luego de aquel día, era una forma bonita de llamarla, pero ya no se la merecía, ya no era luna, era simplemente Dalia.

Comencé a recordar todo aquello que estaba olvidando y todo lo que había pasado en su ausencia, era una balanza de emociones, de peso y contrapeso, era demasiado para un solo día, pero mi mente, mi interior, mis sentimientos querían saber algo, una explicación.

¿y siena?, ¿le cuento o no?, ¿confiará en mí si le digo?, tenía que decirle lo que había pasado, la confianza era clave. Pero, pero ¿y si se molesta?, por otro lado ¡por qué tendría que contarle ¿solo?, ¿solo por que éramos amigos? Si, siena es muy linda, pero esto es un problema mío. Ya no sé qué hacer, todo esto es demasiado complicado.
Suena mi celular, era Siena, seguro era porque no le había respondido el mensaje.

-¿Aló Siena?
– Aló
– Siena, escúchame, te parece si nos vemos 3:30 pm en el parque que está a la vuelta de tu casa
– ¿y por qué no vienes aquí?
– Es que necesito hablar contigo sobre algo importante y en tu casa no, no me sentiría cómodo
– ya pero vienes aquí y salimos
– ya está bien

Nervioso, estuve pensando las palabras exactas y cómo decirle a Siena lo que había pasado, sentía que necesitaba decírselo, pero a la vez no.

Llegando la hora pactada, llegué a su casa, y nos encaminamos al parque.

Nos sentamos acá ¿te parece?
– si está bien-ella responde

Miraba hacia un lado perdiendo mi mente con las distracciones del parque.

-Carlos, Carlos, te noto extraño desde hace un rato, todo muy rápido, una llamada corta, el apuro por conversar,
– perdona, es que
– ¿no vas a hablar?
– si, si no que
-si no, qué, Carlos dime
– si es sobre lo que paso ese día también estuve pensando
– no es sobre eso – estuve tan preocupado por lo de luna que olvidé pensar en lo que tenía que hablar con Siena
– bueno te diré pero no te molestes, promételo
-mmm…
– en serio promételo, si no, no te digo nada.
– ya está bien lo prometo pero dime
-hoy en la mañana alguien vino a mi casa
– ¿alguien?, ¿quién?
– pues
-uhm
– Hoy en la mañana, vino luna a mi casa, y quería hablar conmigo, le dije que no, que se fuera, pero insistió y bueno en ese momento me chocó bastante, pero al final acepté conversar con ella el día de mañana, supongo que es porque mi yo aún quiere respuestas, pero lo que siento por ella, es algo que ya no está.

Siena me queda mirando , el ambiente cambió por completo.

 

Continuará

 

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