Advertencia: EL hilo Negro es un libro en construcción de mi autoría “ilusión de una noche”, el contenido es explícito, sexual y sin censura, así que encontrarás muchos errores de redacción y ortográficos. Todos los errores se corregirán en la edición impresa. Debajo de cada historia encontrarás la siguiente parte Gracias y disfruta de la lectura 🙂 No apto para mentes vírgenes 😉

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La mañana era gris con humedad en las calles, mi ropa no había secado y el día se contemplaba a ser aburrido y pedante. Mi celular suena, era una notificación al WhatsApp, detestaba usarlo, pero a veces era necesario hacerlo, me escribía una amiga, si es que así se le puede definir después que solo haz compartido algunas conversaciones ocasionales con esa persona

– ‘estoy triste’ me escribe,

¿por qué lo estás? le pregunto,

-siento que no me quieren,

¿acaso iba a perder mi tiempo nuevamente aclarando cosas de la vida que ya había hablado con ella?, su novio algo patán, tenía la fortuna de tener una chica aparte de inteligente muy agraciada y deseada por muchos, era lo que a veces daba por suponer su fotografía de perfil, podría definirlo así.

-Deseo salir, me escribe, no tengo ninguna objeción en decirle que si o de lo contrario pasaría toda el día encerrado y aburrido sin nada que hacer.

Acepté a encontrarnos en un café, en un centro comercial al que denominaban Jockey Plaza, tenía planeado conversar con ella, por lo menos distraerme y de paso deleitarme con envidia de su figura sin siquiera poder tener la oportunidad de pretender algo, puesto que era una chica prohibida por tener enamorado.

Nos encontramos a horas de la tarde , y para mi suerte comenzó a llover, ella se presentó de una forma si se le puede definir “provocadora” con unas pantimedias color negro que en ellas tenían unos diseños que hacían la textura de ligas y relieves , algo fuera de lo común y atrayente, sobre esta su falda algo ligera y arriba una blusa color negro, tenía los labios pintados suavemente de color coral, sus ojos color miel estaban delineados suavemente a color natural, y su cabello semi lacio color negro, no usaba tacos si no unas sandalias acomodadas y delicadas.

– ¿no tienes frío? le pregunto

– no, acabo de bañarme y además he traído esta pequeña casaca;

y aunque me importaba poco el frío, el calor que ella sentía dejaba al descubierto su pequeño deleite de escote.

Se veía deseada, no como una cualquiera, esa forma tan diferente de presentarse atraía los más oscuros deseos lujuriosos sobre ella. y su pintoresca sonrisa, me daba pie a pensar que buscaba algo en esta velada.

Nos sentamos a platicar, comenzó a contarme sus problemas, minuto tras minuto, llegué el punto donde le pregunté

– ¿eres feliz? Se quedó callada, ahí entendí que estaba siendo objeto de su propio miedo de separarse y tomar una decisión, luego el tema se hizo más central hasta el punto donde le dije, -olvídate de eso y háblame de ti, no desperdiciemos el día conversando sobre problemas que pueden hacer echar a perder esta rara ocasión, háblame de ti.

Echó una pequeña risa y comenzó a platicarme sobre ella, sus gustos un poco más de lo poco que ya habíamos conversado anteriormente.

– ¿Eres tímida?

– Soy tranquila, pero me suelto más cuando agarro confianza, recién te conozco.

– Si, recién me conoces personalmente y me invitas a salir, qué tímida,

– Me brindas confianza, ríe, era atrayente poder disfrutar del espectáculo de su gracia y carisma, además tenía una vista agradable de ella, esa forma de envolver su cabello con sus dedos y su forma tan sutil de observar.

Entramos en confianza con las típicas conversaciones de realizarnos preguntas cada vez más personales de tú a tú, ¿qué te gusta hacer?, ¿qué haces de noche? ¿tus fantasías? y ¿si ya lo hiciste?, ¿ya hice qué? le pregunto,

– eso,

– ¿Cuál eso?

– eso, intimidad

– ha tener sexo, si ¿y tú?

– también. Se quedó callada,

-te estas avergonzando, le digo, te pones roja, ¿por qué a la gente le parece un pecado hablar del sexo libremente si cuando están en la intimidad son más deseosos y morbosos?

– Es algo privado, me dice.

Privado es la forma de cómo lo haces, pero no es ningún misterio el entrar dentro de una mujer. Se sonroja.

Empezamos a caminar por las estancias, seguía un poco roja puesto que la molestaba con sus cachetes sonrojados,

– me encanta tu forma tan atrayente de vestirte, le digo,

– gracias así me siento cómoda,

– si y te gusta ser el centro de atención quizá,

– no lo soy, por ejemplo, esa chica de ahí si es mucho más que yo,

– en estos momentos siento que tú eres el centro de este lugar.

– ¿qué haces?

– me acomodo la falda

Se levanta y acomoda su escote

– ¿No te avergüenzas que este acá?

– No, lo mueve aún más

–¿Qué pasa?

– Provoca ver a una chica prohibida en estas circunstancias.

ella ríe y susurra.

– tal vez, hay ciertas cosas que no puedo hacer cuando he salido con otros chicos, para mi ser yo es ser libre y normal.

– y porque conmigo te sientes libre

– porque no nos conocemos, dice

Éramos desconocidos, ella con problemas y yo solo deseoso por tratar de pasar un día admirando su prohibida figura , y, si debo de estar de acuerdo con ella, sería en que éramos dos ajenos, teníamos la libertad de no aparentar absolutamente nada, sin que nadie nos juzgue por cómo somos, sin que nadie se avergüence con nuestra forma de pensar, sin que a nadie le importe lo que hagamos, eso era lo que ella me estaba dando atender, además quizás solos sería la única vez que nos íbamos a ver.

Nos dirigimos a ver una película, de terror para variar, ella movía sus labios asomando su pequeña lengua, hacia mueca un poco extrañas y yo adjunté –¿eres rara? – ríe.

Ella se sentó al lado derecho y yo al izquierdo, el clima estaba tibio, quizás un poco avergonzados y sumisos por entrar al tema más natural y morboso de la velada. No estaba tranquilo y creo que ella tampoco, me miraba de reojo como si me quisiera decir algo, disfrutaba verla a oscuras, era un manjar que tenía prohibido probar, la noche se hacía tenue y el clima aún más caliente, no habían personas a nuestro alrededor, roso mi mano con la suya, se intimida, me mira, la miro a los ojos y le pregunto,

-¿si te beso?, se queda callada, tomo su mano y no me suelta la mirada me acerco a su oreja y le digo sencillamente, -me gustan tus labios, me susurra – gracias, la miro toco su mejilla me acerco aún más, acaricio su provocadora pantimedia sobre su pierna y llegó a sus labios, ella se compacta conmigo, se sella con su mano sobre la mía presionándola sobre su pierna, siento esa liga, podemos sentir nuestros labios unidos, se pega aún más y abre los ojos, se acerca a mi oído, y pronuncia las palabras más seductoras del momento -me siento lista , –¿para qué? Le pregunto, -Para abandonar esta película y vivir la nuestra. –¿eres mi deseo prohibido? – ¿es un pecado? me dice – será nuestro pecado, le respondo, ríe y muerde sus labios.

 

Lee la parte 2 en este link: El hilo negro Parte 2