Pequeña Luna: Primer encuentro – Parte 6

Recordando junto con Luna una de las cosas que vivimos, me animé a redactar de una manera resumida y clara parte de lo que fue aquél encuentro que tuvimos meses atrás, de una forma tan inesperada, pero llena de aquello que llaman amor.

El clima de la ciudad era muy caluroso, las ventanas del bus estaban cerradas, y el sofocante bochorno no apetecía un buen inicio de viaje por la mañana, mi destino era el departamento de la libertad, hacia el norte de mi querido País Perú, en busca de Luna, quien se encontraba de viaje con su madre en la ciudad de Chimbote.

Estaba de viaje por un mes, y yo en Lima, semana antes estábamos planeando encontrarnos, su madre no sabía que yo existía por lo cual era un poco complicado vernos puesto que era muy especial con los pretendientes de su querida hija.

Aquél viernes estaba de viaje rumbo a Chimbote, durante el trayecto observaba los casuales paisajes que el bus me dejaba apreciar desde la ventana, mientras los recuerdos se hacían visibles en el desierto recordando la primera vez que la conocí, la primera vez que entablamos una conversación, y la primera vez que nuestra perversión nos unió en un solo grito.

Impaciente por tenerla en mis brazos, puesto que nuestros encuentros se habían echo escasos por los viajes que ella manejaba. El bus iba a un rápido ritmo, puesto que las horas predispuestas esperaba que se cumplieran a tiempo, arribe la ciudad de Chimbote a la 1:32 pm de la tarde. El clima era igual al de Lima, el imponente sol me daba la bienvenida a esta calidad ciudad con grandes playas ricas en recursos marinos.

– ¿Aló? , pequeña ya llegué

– ¿Enserio?

– Si ya estoy aquí, nos vemos en la plaza para almorzar

– Esta bien llegaré en 20 minutos

– Te espero

Nos encontraríamos para vernos una vez más, después del tiempo que había pasado, estaba muy impaciente, era como si años nos hubieran separado, hasta que la observo venir a lo lejos, traía una ropa urbana pero super linda, no olvido sus zapatillas rojas, su collar de oso, sus brazaletes y pulseras; ella un poco tímida, a pasos cortos; pero lo que no sabe es que detrás mío una sorpresa esperaba para ella, se acerca, me mira, sonríe con vergüenza, sus cachetes se sonrojan, cierra los ojos-le digo- antes de saludarla, -ábrelos, y para ella estaba yo , con 3 rosas, las más hermosas que pude encontrar entre las florerías naturales de los campos.

– Para mi pequeña , quien se puso tan roja, que se convirtió en mi lunita roja

Ella ríe, se intimida , me mira, no sabe que decir.

– ¿No dirás nada? – le digo

– Es que no se que decir , gracias (lo dice avergonzada y con voz baja)

– Hay pequeña, ven – la abrazo

Luna estaba tímida , como siempre lo fue al principio, nos fuimos a almorzar a un restaurant cercano, el viaje de 6 horas había pasado muy rápido pero ya estábamos juntos.

– Ahora el postre, ¿algo con chocolate verdad? – le pregunto

– Si – sonríe

– Una torta de chocolate – Le brillan los ojos, ella ama el chocolate.

Luego de un rápido almuerzo, nos encaminamos a recorrer un poco la ciudad, puesto que habían pasado años desde que no iba al norte, caminamos por la plaza, peor nos centramos en ir a la playa y jugar un poco en la arena, a veces la molestaba con mojarla pero ella reía, quería que se valla su timidez, la lejanía la había puesto muy tímida con respecto a nuestras conversaciones por video llamada.

Todo paso realmente muy rápido, que el tiempo que disponíamos ya se hacia corto, nos encaminamos a buscar hospedaje, para poder quedarme, pasamos por unas haciendas, hasta que llegamos a un hotel, tan inmenso y rustico que quedaba cerca de la playa, me encantó, ingresamos, solicite una habitación y subimos a acomodarnos, tenia una vista increíble al mar, era amplio, fresco, con una bañera inmensa, muy pero muy acogedor y lindo. Pero no estábamos ahí para vernos los rostros, estábamos ahí por una razón que ya habíamos planeado anteriormente, estábamos ahí para conocernos.

Algo loco e improviso, planeado desde lo mas profundo de nuestros corazones.

La cojo de la cintura, la abrazo, me recuesto sobre ella, ella hace lo mismo. Nos miramos, ella sonríe, se intimida con mi mirada, mira hacia un lado, baja la cabeza.

– No me mires así – dice

– ¿por qué?

– Solo no me mires así – se avergüenza

Ella inclina la cabeza y la beso en la frente, se recuesta en mi , suspira y le digo, – te quiero, a lo que ella responde de la misma forma con su tímida voz sincera

– te quiero luna

– pero tú eres Luna

– si pero tu también – me dice

– a perdón, tu eres ahora lunita roja, por que mucho te avergüenzas- ella ríe.

– Me gusta – dice.

Le hago cosquillas, cae en la cama, se voltea, me observa ,se tira encima mío me molesta, ríe, nos tomamos de la mano. Un silencio invade nuestro momento, nos quedamos observando fijamente cada detalle del lugar, nuestras miradas se cruzan y nos detenemos ahí. Ella sonríe y yo solo digo

– No estoy aquí para acostarme contigo, estoy para conocerte, para saber quién eres.

Ella me mira, solo acentúa la cabeza

– Quiero saber si eres todo lo que siempre me decías, si de verdad eres tu quien me escribía para mi, quien me robaba una sonrisa con esas ideas de improviso, si eras tu mi Luna llena que observaba todas las noches que se dejaba ver.

– Estoy para darte un amor sincero, para conocernos en cuerpo , en alma en sentimiento y en todas las formas inexplicables de la definición de amor.

Nos acercamos, la tomo de las manos y con un beso sellamos el momento para decir adiós a nuestras prendas , bañarnos en sudor y gemidos, mientras se llenaba la bañera , para luego sumergirnos y hacer que esta vibre con nuestros sentimientos de un viaje que ella y yo no planeamos , pero quisimos vivir desde lo profundo de nuestra alma vivir con amor de nuestro corazón.

Mi pequeña Lunita Roja

Continúa : Pequeña Luna parte 7

Luna

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