El hilo negro , Gemidos – parte 2

Ella, la mujer prohibida que acompañaba a él, encantados y abrumados por el deseo de su cuerpo decidieron salir del lugar, e ir a un escenario donde puedan dejar caer sus deseos.

– Te deseo, deseo coger cada parte de tu vestimenta, bajar sutilmente y poder deleitarme con tu cuerpo

Ella suspiró, lo cogió de las manos con firmeza y se le apegó para besarlo, presionó sus uñas contra su espalda, pero él la aparto, la recepcionista los estaba viendo.

Llegaron a la habitación 406, muy cómoda y amplia, ella apagó las luces y solo dejó ambas lámparas encendidas, él se le acercó, se recostó sobre ella y dejaron sus labios comerse en locura, ella lo mordía el respondía 2 veces más, sus deseos estaban cayendo a prisión de las sábanas. Pasó su mano acariciando su cuerpo, desde su rostro, pasando por su oreja, tocando sus firmes pechos, deslizándose suavemente sobre su ombligo, deslizó sus dedos sobre su muslo y pasó por sus pantis, colocó su mano debajo de su falda, centrándose en la parte de su entrepierna, la misma que se encontraba tan suave, húmeda y caliente. Ella se contorneó un poco y exclamó con gemidos que pusieron a él más encendido.

Bajó hacia sus bragas, el bóxer de encaje negro que ella traía puesto lo maravilló, ella sutilmente bajo su mano para quitárselo, pero él la detuvo.

– No lo hagas, quiero tenerte así, te comeré así, sin preámbulos, sin que te lo quites

– Pero ¿cómo lo harás?

– Tu solo cierra los ojos y siénteme

Acarició cada parte que cubría ese sensual bóxer, deslizó sus ligas, y con los dientes comenzó a rasgar en medio de este, donde se encontraba su húmeda parte.

– Eres un loco, se va romper

– No me importa, ¿no me deseas? ¿no te gusta?

– Si hazlo, mmmm… – ella exclamó con suspiros, hazlo olvida lo que dije…

Escuchó sus palabras y no tardó nada en crear una abertura con sus labios en medio de su ropa interior, llegó hasta su parte húmeda y comenzó a comerse su entrepierna, tan jugosa y suave, ella gemía, se retorcía de placer, eso le encantaba, ese juego que él había creado, esa forma diferente de hacerla vibrar , colocaba sus manos sobre la cabeza de él y la empujaba aún más, subió sus piernas y las cruzó sobre su cuello arrimándolo con furia para que la siga comiendo, él disfrutaba su humedad, sus gemidos que adornaban la habitación, sus manos sobre su cabeza, ambos estaban comenzando algo prohibido.

Ella se sentó, lo empujó hacia la pared, bajó sus pantalones, su ropa interior, y comenzó a realizar con deseo y hambre la absorción más feroz sobre su miembro, el estrepitó contra su cabeza y la acercó con exclamación llegando a introducir todo dentro de sus labios, a ella le encantaba, no paraba de ir a un ritmo feroz y ardiente, el comenzó a moverse, ella quieta, solo dejaba que el ritmo juegue, presionaba su cabeza con dureza sobre su miembro y ella encantada con lo feroz , a veces parecía atorarse, o atragantarse en otras palabras, pero ella seguía, él entendía que lo hardcore  era parte de los 2.

– No podrás correrme si eso deseas

– No quiero que te corras, quiero que llegues al punto de cogerme como si te aprovecharas de mí y tu deseo fuera intenso.

La levantó, cogió su cuello, la mordió como vampiro, ella lamió su oreja, él la volteó, la puso sobre la cama, se pegó bruscamente detrás de ella sobre su trasero, ambos estaban muy hardcore, demasiada excitación y morbo se podía fumar en ese cuarto.

La recostó boca abajo.

– No te la quitaré

– No me la quites

Se pegó junto a ella, metió sus manos por dentro del vestido, bajó sus tirantes, desabrochó su brasier, y cogió sus pechos tan fuertes que ella exclamo un gemido excitante, los besó, suaves, duros, rosas y hermosos.

Se pegaron disfrutaban el rose de sus cuerpos, él detrás de su cola, ella en cuatro, él acomodó el agujero que había hecho en su ropa interior, acarició su miembro sobre sus labios inferiores para que ella le pidiera entrar, ella gimió y él entró con furia emitiendo como consecuencia desgarres de gemidos.

Comenzó a cabalgarla, a darle de una manera fuerte y lenta, solo se escuchaba un golpe cada segundo, ella exclamaba que le gustaba, que quería, él le preguntaba dichosamente si le agradaba, aceleró el ritmo, ella seguía gimiendo y más húmeda, que parecía correrse sobre él, la agarró del cabello, la estiró, ella colocó la almohada debajo de su vientre, con los pechos al aire y la penetró sin piedad alguna, ya no eran gemidos, si no gritos de placer, “métemela, cógeme y correr” eran el resumen de la noche.

Abrieron la cortina del cuarto piso, esta daba a visualizar una avenida, muy poca gente en la calle, él la pego contra la ventana:

– Descríbeme todo lo que vez en la calle, él dice

Cuando ella estaba a punto de comenzar a decir lo que había, él la penetró

– ¿Vamos? ¿Acaso no puedes hablar? – ríe sarcásticamente

Ella intentaba describir cada cosa, su voz entrecortada, solo lanzaba gemidos, fue tan excitante para ella, ver la calle, tratar de hablar y él la cogía mientras las pocas personas pasaban como si nada ocurriera, en una envestida sin piedad ella exclamó “me voy a correr” y efectivamente toda su humedad, mojó y deleitó la noche sobre él, ese líquido recorrió su muslo, mojándolos a ambos.

– Te corriste

– Si

– ¿Te gustó mucho?

– Me encantó…

– Entonces no pararé

Él siguió, le pedía, “dime qué vez en la calle si no, no pararé” ella trataba, estaba muy sensible por dentro, pero solo se retorcía, el seguía envistiéndola, ella disfrutaba, 2, 3, 4, 5, 6, 7… veces corriéndose, su organismo multiorgásmico era un premio, la maldad que el guardaba para ella se resumía en seguir dándole más; ella solo decía, “me gusta tu forma tan mala de cogerme”.

Efectivamente, sus cuerpos pedían más que deseo, más que lujuria, más que pasión y amor, era el sexo que esperaban, de pronto, ella le dijo “basta”, se desprendió de él, lo echó en la cama y puso su miembro dentro de ella, él excitante cerraba los ojos, era demasiado buena moviéndose, subía y bajaba, pegando tanto sus miembros.

– Que … rico, así despacio– exclamaba con deseo y pasión

– El despacio no funciona conmigo, ahora yo tengo el control -dijo ella

Él la tomo de la cintura y ella seguía cabalgándose, aceleró su ritmo, “me vendré” – dijo él, – hazlo conmigo – acentuó ella, y entre sus cuerpos mojados, el explotó, llenándola por dentro, ella bajó la velocidad y suavemente dejó que todo el líquido blanco y excitante que ella había hecho que él desprendiera se quedara dentro de su cuerpo.

– Se siente muy caliente, ella dice

– Después de todo esto no me sorprende que este hirviendo y caliente al salir

Un poco cansados se dejaron caer ante la noche y descansando por unos minutos.

Prendieron la luz y ella comenzó a cambiarse, a lo que exclama

– Mira

– lo siento, dice él

Ella tenía marcas en los pechos, él suavemente tenía una en el cuello, ambos se rieron por dejarse marcados esa noche.

– ¿Y ahora qué haré?, mi ropa interior

– No te preocupes, te regalo una o acaso no valió la pena

Ella sonrió, la noche se hacía larga y tarde para ambos, se cambiaron y salieron de la habitación.

– Te acompaño a casa

– Esta bien, aclamó ella, mientras se besaban suavemente entre mordidas

Llegaron en taxi hasta su casa, ella baja, él la ve sublimemente y se da cuenta que pegada a su pierna tenía una tira, de color negro.

Él le grita y le hace una señal con la mano que tenía algo abajo, ella no lo entendió.

El coge su celular y le escribe, “tienes un hilo negro pegado a tu pierna derecha”, era muy notable, era el desprendimiento de su ropa interior cuando él se la desgarró a mordidas.

Ella rio, se acomodó la tira y solo atenuó a responderle

– Pervertido

– Siempre, dijo él

Ambos en casa, agotados, se escribieron nuevamente.

– ¿Cómo te sientes?

– Cansada, pero esperando verte

– ¿Y tú enamorado?

– Durmiendo

Él ríe por mensaje

– Te veo mañana, adjuntó él

– Pasa por mí, esta vez será turquesa (emoticon guiño)

Él solo respondió con carita sonrojada.

Fue más de lo que imaginaron, más de lo deseado, dos desconocidos cayendo ante su más lujurioso deseo de conocer lo prohibido, algo que probaron y que no pararían de hacerlo.

Continúa | El hilo negro parte 3

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Luna

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No Responses

  1. Yo alguna vez me sentí así y confieso que soy culpable del salvajismo excitante de esa noche que tuve *-*
    Identificada siempre, pero ojala haya una tercera parte :3

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