Frente al mar

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¿Hoy no vamos a almorzar? – me pregunta- , -Si, pero hoy no quiero comer acá, quiero ir a otro lugar, donde el viento sea complice de esta sensación que estoy sintiendo. – ¿Y dónde es ese lugar? , – acompáñame, le dije.
Cuando llegamos, nos quedamos viendo las olas del mar, – es muy bonito-, me dice, sin embargo acentué: Lo se, y te doy gracias , -¿por qué?- por estar aquí, por haber sido mi cómplice y por soportar cada lágrima mía, por escuchar mis lamentos, y por saber entender mis secretos, por ser durante todo este tiempo la persona que mas creyó en mi, este lugar no es uno más de todos, es uno en especial, donde pueden servir la comida más cara, pero ese no es el punto, eso no importa acá, lo especial aquí es lo que guardé en su interior, fui a la recepción y pedí que me dieran algo que guarde un par de años atrás, una carta escrita a mano, cuando vine aquí por primera vez, se la entregue en sus manos, – cuídala, y léela cuando gustes, considero que guarda uno de mis mayores secretos y si te la doy es por todo lo que haz echo, a pesar que aún es un cariño, no pierdo la fe que más adelante pueda ser amor, ella me miró, entendió de que ya estaba dejando ir aquel amor que fue importante en mi vida, y que ahora la estaba considerando parte especial de esta nueva, se me acercó, me abrazó con todas sus fuerzas, lloró conmigo, – perdón – le dije, perdón por ser un tonto y recaer.
Ahora me encuentro almorzando frente al mar, y ella me roba una sonrisa a pesar que sabe que esta tristeza interior no es por ella, pero eso no le importa, quiere verme feliz, y quiero complacerla.
“Ya deja el celular” – es ella gritándome, la vie est belle, pequeña luna.

Luna

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