La vie est belle

Ella vino corriendo, y me abrazó con aire y suspiro, sentí sus uñas clavadas en mi espalda y un apretón realmente muy fuerte, era como si nos hubiéramos dejado de ver hace varios años

– ¿Y eso?- le pregunto-
-Te extrañé
– pero si nos hemos visto ayer…
– Cuando llegué a casa sentí esa necesidad de extrañarte, ese afán de poder abrazarte con todas mis fuerza, supuse que tenía mucha suerte en conocerte y de admirar por lo que haces.
Ella se había convertido en mi energía, esa materia infinita que daba fuerza a mi vida, nos conocimos sin conocernos, en una clase de francés, en los primeros meses que aprendía el idioma, habíamos salido un par de veces a conversar luego de clases y no me imaginé que una chica tan de mundo y hermosa como ella pudiera convertirse en alguien tan apreciada en estos momentos, admiraba todo lo que yo hacía, me ayudaba en los momentos difíciles, entendía cada situación mía y me acompañó cuando mi alma lloraba; a ella no le importaba, no le importaba nada, solo me repetía una y otra vez “la esperanza que tu perdiste yo ahora la tengo en ti”.
Ella me robaba todos los días una sonrisa, cada vez que nos cruzábamos, a pesar que estaba en otra aula, nos encontrábamos a la salida e íbamos al café mas cercano a practicar el idioma y a enamorarnos de nuestra sonrisa.
La estaba comenzando a ver con ojos de un cariño el cual tenía guardado con miedo y recelo de poder sacarlo, me encantaba su cabello rojo era tan diferente , tan única, que su alegría permanecía ante la multitud.

¡La vida es bella! , exclamaba repetidamente, o mejor dicho La vie est belle gritaba hacia mi oído, su mirada y la mía eran testigo de una curva en nuestros labios.

Luna

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