El diario de Mariana

El diario de Mariana | I | Encuentro

Era un día tranquilo de verano como aquellos días donde acostumbraba pasear por el malecón, el sol estaba incandescente como nunca, las personas en trajes livianos y especialmente las chicas , atractivas con sus conjuntos y colores, era la hora de algo refrescante y me dirigí a un concurrente lugar de café y bebidas heladas , estaba en larcomar un multicentro de tiendas y establecimientos, no había mucha gente  y no había cola para realizar un pedido. Mi intensión solo era comprar una simple bebida.

Mientras observaba la lista de productos para poder seleccionar cual beber, al lado derecho mío se encontraba una chica muy atractiva, desde mi posición era lo que podía notar, pero había algo que no encajaba, la posición de su mirada y rostro no era la típica situación de estar alegre , si no aquella donde solo quieres estar solo y pensar, podía apreciar su despistada mirada y su suave melancolía que hacia su nariz roja, quizás por el derrame de sus lágrimas, ¿Qué habrá pasado? es lo que me preguntaba , era una situación muy distinta como para poder acercarme y preguntarle lo que le sucedía, quizás lo que cualquier chico esperaría como reacción es un despliegue de nada o peor aún, un rechazo, vergüenza total y simplemente ninguna palabra, al principio pensé en acercarme y sutilmente preguntarle si necesitaba un pañuelo, tenía un paquete de pañitos en mi bolsillo quizás le serviría, pero jamás había hecho algo como esto, era un completo desconocido para tal situación , lo que podía esperar era un rechazo total, he ahí cuando me pregunté , ¿nada pierdo intentándolo?, cuando me entregaron mi bebida caminé de regreso y pase justo por su salo a propósito, más aun pude apreciar esa tristeza en sus ojos, tomé mi bebida trague pedazos de hielo frió y puse sobre su mesa un paño de papel , —toma por si lo necesitas, fue lo que le dije -solo me miró a los ojos y no dijo nada , tenía los ojos color caramelo, o verdes o pardos algo así y casi color fresa, por las lágrimas tal vez y sus labios, sus labios que hermosos eran, -susurró — aquí tienes otro por si necesitas -lo puso a un lado- —sabes, siempre es bueno sonreír y mejor aún siempre habrá alguien que te haga sonreír-, jamás pensé decirle eso a una desconocida y peor a hacia una chica que probablemente esté pensando que soy el chico más impertinente y tonto a la vez, volteé para dirigirme al lugar de atrás y retirarme después del roche de silencio que aparentaba haberlo tenido, al dar mi primer paso, escucho-—gracias. Inmediatamente quise voltear pero esperé unos segundos, — no hay de que, le respondí, me acerqué y le dije sin temor:

—  ¿puedo sentarme?

Mueve la cabeza como diciendo sí., Perdona por ser impertinente, tampoco quise y ni quiero incomodar, un desconocido como yo solo quería ayudarte—  vienes seguido por acá, me pregunta.—  no,  no acostumbro venir por aquí, pero esta muy cerca por donde estudio, ¿tu si? 

— sí, vivo cerca y acostumbro a venir interdiario es uno de los pocos centros donde puedo estar

tranquila. 

No quería ser impertinente pero la curiosidad por saber que le pasaba me mataba,

— ¿Puedo hacerte una pregunta?

— Sí, — ¿Por qué estas triste?, a por cierto, me llamo Carlos ¿y tú eres?,

— me llamo Mariana,

— Que peculiar nombre, le respondí, — si lo es, -sonríe-, — ya ves que puedes sonreír, llorabas

por alguien perdona lo metiche ¿no es así? , — si (mira hacia abajo)— no deseo preguntarte mas pero

hay personas que no se merecen nuestras lagrimas no sé qué te haya pasado pero

es lo que bueno todos en algún momento aprendemos.

Luego de ello ya no quise intervenir más, y solo quería tratar de establecer una conversación amena,

— vamos cambia esa cara, te cuento un chiste, muestra una sonrisa como diciendo ¿qué le pasa a

este tonto?, le conté un chiste que sabía, rió expresándose en su mente ‘ que estúpido’, ya había cambiado parte de su estado de ánimo, por lo menos en ese momento, ahora que sigue, ¿me pregunté? ¿He hecho una nueva amistad? No lo sé,

— te invito una galleta, le digo,

— no gracias, yo te invito una a ti, por los pañuelos

— no, no es necesario, total tengo más,

— si lo es, una galleta,

— no gracias enserio,

Se paró y realizó su pedido, creo que había entendido, pero…

—  señorita deme 2 galletas,

— ¿dos? – Le pregunté,

— si dos y si me la rechazas puedes irte,

¿Qué rayos? Pongo cara de tonto, una desconocida imponiéndome una galleta

– Esta bien, acepté y mejor aún, continuamos la conversación, hablamos de ella ,de mí,

resumidamente, esta chica tenía algo distinto, no hacia el lado malo, si no distinta a mi mundo al cual estaba

acostumbrado, su cabellera lacia, un castaño claro quizás o un naranja tal vez, su clara piel, sus ojos color indefinido, su forma tan sencilla de vestir y combinar colores era todo lo atrayente pero que usualmente no me percataba, era lo imperfecta, lo deseable y desconocido para mi vista ¿y sus sentimientos? ¿Quizás podría ser aquella típica chica vanidosa? , podría serlo pero la humildad, seguridad, y carisma con la cual se comunicaba

era muy atrayente, daba esa sensación que no era igual al contexto. pero aún la primera impresión no lo es todo.

— ¿Tú escribes? — sí, bueno no me considero escritor pero si, escribo a veces,

— ¿y sobre qué?

—  buen tiempo escribía cosas que me sucedían, pero las dejé ya no lo hago, y ahora estoy enfocado más a mi vida profesional., — tienes crema en los labios, se ríe, — come tu galleta, — a verdad, con tanta plática no le di el primer mordisco.

Fueron varios minutos de conversación, hasta que su móvil sonó, era, obvio, era la señal de la despedida, y volver a mi escenario como si ella no hubiera estado,

—  me tengo que ir,

— valla lo entiendo,

Pero antes de retirarse se limpio una vez mas el rostro con los pañuelos, intercambiamos número y se despidió con la oportunidad de  volvernos a ver otro día.

 

“Quizás el mejor regalo que pudo dejarme fue su diario donde yo aprendí que en verdad existían personas como ella”

Escrito del año 2013 | El diario de Mariana

Luna

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